No existe una única manera de despedir a un ser querido, sino que encontraremos tantas como familias. La experiencia del adiós puede o no contener, por ejemplo, connotaciones religiosas. Así, un funeral laico será aquel que no esté presidido por un representante religioso.

Una ceremonia de despedida en la que el fin único es realizar el último adiós al difunto, sin incluir en ello ningún credo. En ellas, quien conduce la ceremonia puede ser un familiar o un amigo, aunque también puede ser una persona de la empresa funeraria capacitada para ello.

Los funerales laicos son cada vez más comunes

Esta forma de celebración es elegida por muchas personas ateas y agnósticas y es cada vez más habitual en países como Inglaterra o Australia. 

Protocolo en los funerales laicos

Mientras en los funerales religiosos el credo del fallecido se ensalza, en los laicos o civiles al repasar la vida del difunto no existe un guion preestablecido. Se recuerda al fallecido, sus virtudes, sus frases favoritas… en definitiva, su esencia. Aunque, como decimos, no tenga una estructura cerrada, un funeral laico ‘tipo’ seguiría la siguiente narrativa:

  • Presentación del acto. O lo que es lo mismo, la bienvenida a los asistentes y la introducción a lo que va a suceder.
  • Reflexión. Es el momento en el que el conductor de la ceremonia dedica unas palabras que invitan a la reflexión, referenciando la vida, la muerte o su sentido.
  • Homenaje. Amigos, familiares y seres queridos del difunto le dedican unas palabras.
  • Entierro. Momento de la sepultura o transporte al crematorio.
  • Cierre. Suele acabar con unas palabras de agradecimiento a los asistentes, y de consuelo para los seres queridos.

Lecturas ‘sagradas’

En los funerales laicos no se leen libros sagrados, como pueda ser la Biblia, pero sí puede leerse un pasaje de la misma si aporta un significado concreto para la ceremonia. Así, cualquier lectura o música estará siempre permitida si el contexto lo habilita.

Como todas las despedidas, los funerales laicos suponen momentos muy emotivos, pero también muy personales, ya que, a diferencia de los funerales religiosos, son amigos y allegados quienes toman la palabra. Y serán ellos los que presumiblemente aportarán la carga emocional, al rememorar historias o anécdotas junto al fallecido. 

A pesar de que no existe un lugar diferenciado en el que realizar este tipo de actos,  muchas funerarias disponen de espacios ‘multiconfesionales’, es decir, sin elementos de ningún rito religioso, en el que pueden celebrarse.

Paula García Lastra
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